Guardia Nueva

 

 


 


La Guardia Nueva

La Guardia Nueva - 1920 a 1960

Después de la transición empieza la Guardia Nueva, de 1920 a 1960, periodo de gran importancia para el tango, respecto a la creación musical, poética, a la interpretación y a la ejecución. Esa época renovó el tango, lo que determinó las primeras diferencias estilísticas con relación a la corriente tradicional. Con esos profesionales de gran capacidad y calidad, la música se tornó más refinada y elaborada. Los evolucionistas impusieron un compás mucho más firme. Surgieron, entonces, solistas virtuosos con sólida formación musical.
"En esa época las obras se estructuran y surgen tres variedades: tango milonga, tango romanza y tango canción o con letra.
Solamente con la Guardia Nueva se puede hablar con entera propiedad de estilos y modalidades interpretativas". ( Horacio Ferrer)

La orquesta deja de ser una masa compacta para transformarse en un grupo de músicos. Se destacan: De Caro, Troilo, Pugliese, Tanturi, Fresedo, D'Agostino.
Con Julio De Caro el tango deja de ser escrito en 2 por 4 y empieza a ser escrito en 4 por 8. El baile se torna más lento, casi caminado, acompañando su ritmo melódico y arrastrado. Empieza, así, la llamada Escuela Decareana que, básicamente, embelleza la melodía por medio del acompañamiento armonizado del piano, solos de piano y bandoneón, expresos con una riqueza artística y sonora hasta entonces desconocida.
Osvaldo Fresedo, "El pibe de la Paternal" pertenece a otra escuela evolucionista, una corriente "conservadora" basada en esquemas instrumentales de la Guardia Vieja. Influenciado por el jazz, ese bandoneonista introduce nuevos instrumentos en la orquesta.
Juan D'Arienzo, llamado "El Rey del Compás", retoma las características de la Guardia Vieja, ejecutando un tango más veloz y "picado", con un ritmo contagiante que llamaba a la gente a bailar, recuperando, así, su alegría inicial. Los instrumentos tocaban en unísono y sólo se podía distinguir algún compás suelto del piano conductor o algún "contracanto" del violín.
Anibal Troilo "Pichuco" es el símbolo del tango en los años 40, la Edad de Oro. Fue un auténtico evolucionista y sus obras como compositor son los clásicos: Sur , Garúa , Barrio de Tango , Responso.
Sin perder el ritmo bailable, destacó la importancia de la melodía al elegir con cuidado las letras de los mejores poetas, al llamar a los mejores cantantes para interpretarlas y a músicos evolucionistas fundamentales para ejecutarlas, como Piazzolla, Stampone, etc.

El tango en París

La aceptación del tango por las clases más altas empezó en París. A principios del siglo pasado, la fragata Sarmiento había llevado muchas partituras de La Morocha que inundaron las calles de París. Después, Gobbi y Villoldo viajaron a Francia con la misión de grabar discos. El suceso del tango provocó la mudanza de varios músicos para allá. Viajaron entonces: Bachicha, Pizarro, Arolas y, entre los bailarines, Casimiro Aín, el famoso Vasco Aín que sirvió de ejemplo para que Su Santidad el Papa Pio X absolviese el tango de su antigua mancha de música de lenocinio.

El tango, tanto en su versión cantada como también en el baile, encantó a los franceses. El público, la crítica, la nobleza y la intelectualidad lo aprobaron totalmente. El Czar Nicolao II y Rodolfo Valentino llegaron a conocerlo, siendo que Valentino impondría su famoso tango fantasía "a la Valentino" ) y la Academia Francesa le rindió homenaje a través de las palabras de Jean Richepin.
La elite argentina, viajando a Francia en turismo, se asombra con tamaño suceso y con el insólito relieve intelectual que el tango adquiere. Esa elite, entonces, empieza a orgullarse de ser parte de ese producto del arrabal porteño, antes despreciado por su origen marginal.

El tango nivela las clases

Hacía ya más de una década que los jóvenes y adultos de familias burguesas frecuentaban las "casas" de Laura,de María La Vasca, o los bailes de Hansen, El Velódromo y El Tambito, para medir sus habilidades tangueras con los ocasionales compadritos que, ansiosos por contacto social, frecuentaban esos lugares, de cierta manera más reconocidos. No faltaba, en esas ocasiones, el desorden provocado por la disputa por las polleras, cuando los marginales sacaban sus cutillos y los "chicos de familia" boxeaban, lucha recién importada de los Estados Unidos.
Entonces, como era el hombre del tango (y no el tango) rechazado por el pudor nacional, la música, al ser aprobada por las clases dominantes del país, deja de ser prohibida. Las puertas de muchos lugares importantes fueron abiertas y el tango pasó a ser la atracción principal de esos lugares, como el Royal Pigall, en plena Corrientes, entre Suipacha e Esmeralda. Esa casa tenía una filial de verano en los bosques de Palermo que fue bautizada con el nombre de Armenonville. Inaugurada por Vicente Greco, en ella actuaron después Roberto Firpo y Francisco Canaro. Ellos fueron los líderes en la época del abandono de la "vieja guardia", los que lucharon por el tango, extendiéndolo al cine, al teatro y a las fiestas de la alta sociedad. Canaro, un trabajador incansable, luchó hasta el último minuto de su vida, buscando nuevos caminos. En el Armenonville también se consagraron Gardel & Razzano. Carlos Gardel, que murió en 1935, es hasta hoy el arquetipo del cantor de tangos y de la policromática personalidad del porteño.

Los años 40: el último esplendor

En el fin de la década de 30 son incorporados talentosos músicos, compositores e instrumentistas - casi todos directores de orquesta y algunos oriundos de famosos conjuntos de los años 20. Gracias a la obra de notables músicos, el tango alcanza, en la década de 40, una de las etapas más productivas e felices.
Se destacan Troilo, Mariano Mores, ex pianista de Francisco Canaro, Sebastián Piana, que junto a Maffia, Laurenz, Marcucci y Ciriaco Ortiz componen el popular quinteto Los Ases de Pebeco que se pode escuchar en Silbando y Lucio Demare, el creador de Dandy y Malena.

Los años 40 son también definitivos para el florecimiento de los más destacados letristas. El tango también empezó una crítica social, especialmente con Discépolo y Celedonio Flores, como en las músicas Cambalache , y Acquaforte.

Troilo y di Sarli

Con raíces más fuertes en el accento porteño que el vanguardismo de Astor Piazzolla, Hugo Baralis, Osvaldo Berlingieri y Leopoldo Federico, dos nombres se destacan debido a la extraordinaria influencia que ejercieron sobre la historia del tango, a la seguridad y garra de su melodía milonguera: Aníbal "Pichuco" Troilo y Carlos di Sarli.