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Artigos sobre tango


Tango argentino - BS. AS. - Urbano y Conurbano - Parte 2 - El Compadre
Alcides Ferrari

En el número anterior quedamos en ver como era ese Buenos Aires de 1880 y comentar del “compadre” primer personaje de aquellos arrabales en el que nació el Tango.

Alfredo Mascia cuenta que “Llegando al final del siglo XIX Buenos Aires tenía un pequeño centro limitado entre las calles Sarmiento (llamada Cuyo), Alsina (llamada Potosí), las actuales Bolívar y San Martín, Bernardo de Irigoyen y Carlos Pellegrini (llamada Buen Orden). El centro tenía los edificios del gobierno, instituciones públicas, bancos, casa de cambio y viviendas de las familias dueñas de campos y ganados”. Buenos aires y sus aledaños, era conocida como la ciudad de los Siete Arroyos, la cruzaban el Riachuelo, Maldonado, Medrano, Vega, White, Saavedra y Cildañez y sobre sus fangosas costas se construyeron caseríos que entraban hacia el interior, en zonas que no eran ciudad ni campo.

Esos arrabales tenían: garitos, reñideros de gallos, prostíbulos (impulsados por la alta tasa de masculinidad, manejados con una eficiente organización, en complicidad con autoridades, políticos y el silencio de diarios y revistas), bares con camareras, sala de diversiones, bailongos, teatros chinescos, casas de remates (solían vender terrenos que pertenecían a una plaza), cambalaches, etc., en la cual habitaban (en su gran mayoría) fugitivos de la justicia, rufianes, contrabandistas, jugadores, vagos, rameras, mendigos etc., etc, formando una sociedad heterogénea con leyes, lenguaje y costumbres propias de delincuentes. Lugares de beber mucho alcohol, peleas frecuentes; teniendo al juego, el robo, el contrabando y a la mujer como mercancía, como principales recursos de ingresos.

En ese ambiente de las orillas, poblado de malvivientes criollos y extranjeros, donde sólo rige el coraje físico; Un hombre desalojado de sus campos sin limites por el avance de la ganadería, los alambrados que lo cercaron y por el ferrocarril que le quitó su trabajo de arriero, llegó el “Gaucho de a Píe”, hombre hábil por sus trabajos, en el manejo del cuchillo, de gran vitalidad, valor y guapeza para jugarse la vida, enfrentó el medio hostil, se afirmó, aprendió a mirar de soslayo y se hizo “compadre”. Su personalidad se basó en valores de: macho, guapo, rencoroso y creyendo en la amistad como sagrada, su solemnidad gauchesca le hacía señor y amigo. Y cuando agrede o mata, lo hace pensando que defiende una causa.
Casadevall describiendo al Compadre dice: “Hombre de porte vigoroso, gesto grave y altanero, mirada dominadora y desafiante, henchido de tremenda quisquillosidad. El compadre vive como dueño de voluntades aunque subsista en la indigencia y casi solitario entre los vecinos trabajadores del barrio. Viste saco corto cruzado, sombrero de ala -requintao - dejando ver su jopo en una renegrida y brillante cabellera, pañuelo de seda al cuello con sus iniciales bordadas, pantalón abombachado “a la francesa”, rayado y con trencilla, en su cintura o faja deja ver el mango de su cuchillo, botines apuntados de cabritilla con elástico o botonadura y taco-pera militar.
Fuma negros, se pavonea al andar y escupe entre dientes. Posee del estanciero y del caudillo el don de mando y aficiones propias de un señor feudal, pero su autoridad se reduce a hombre temido por su coraje y a la de reyezuelo de barrio, amparado por comisarios y políticos.” Lamentablemente El Compadre tenía su flaqueza y fue aprovechada al servicio de la política.-

En el próximo número les contaré la parte final del Compadre y el inicio del personaje que lo sucede, llamado “El Compadrito.” Hasta la próxima y un abrazo milonguero, Alcides Ferrari

Hasta la próxima y un abrazo tanguero. Chiche Ferrari

(Chiche) Ferrari: [email protected]